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España cuenta con una normativa que fija los criterios de clasificación de los establecimientos hoteleros y que aseguran al cliente un determinado nivel de calidad en función de la categoría del hotel elegido. Las competencias para establecer los criterios de clasificación están es manos de las Comunidades Autónomas, lo que equivale a una diversidad de criterios dentro del propio país.
La primera clasificación hotelera que se hizo en España data de 1968 y estaba basada en criterios arquitectónicos. Con el paso del tiempo se han ido cambiando las regulaciones y actualmente la disparidad en las normativas autonómicas es enorme.
En general se consideran hoteles de lujo los que poseen cinco estrellas y están dotados de todo tipo de comodidades y servicios.
En estos establecimientos la pulcritud y limpieza deben ser excepcionales, a la vez que deben tener unas instalaciones dotadas para acoger a cualquier cliente (acceso directo a minusválidos...).
El personal tiene que estar altamente cualificado y conocer diversos idiomas para la comunicación con los clientes.
Deberá haber zonas comunes de unas dimensiones considerables y decoradas conforme a la categoría del hotel.
El número de ascensores también estará acorde con el número de habitaciones, las cuales deben ser amplias, con decoración de lujo , con caja fuerte, con servicio de minibar y con un cuarto de baño completo dotado con todos los accesorios. Así mismo, el mobiliario y ropa de cama deberá ser impecable.
En estos hoteles deberá haber servicio de habitaciones 24 horas, así como cafeterías y restaurantes con una calidad acordes a la categoría del hotel. El trato del personal hacia el cliente será siempre exquisito.
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